Ayer 雪 pasó el día como otro cualquiera, correteando y dando saltos por su habitación (la más grande de la casa) con un comedero a rebosar de comida y agua de sobra.
La sorpresa se la llevo mi mujer cuando a la hora de acostarse y guardarla en la jaula la llamó y no salió de debajo de la cama. Estaba inerte y quieta, ya no respiraba.
Han sido dos años con ella, desde que estuvimos en Barcelona y Emma se emperró en tener una mascota. Su padre ya le avisó y le dijo que cuando se muriera lo pasaría mal, así fue.
Esta claro que no era una persona, pero para ser un conejo hacia bastante cosas y hasta yo, que pasaba bastante, le había cogido cariño. Ahora tenemos que mirar como incinerarla o enterrarla.
D.E.P.
3 comentarios
[…] puede decir que vaya a acabar el año muy bien: la muerte de mi Macbook y la más dolorosa, la de nuestra mascota, han marcado estos últimos días de […]
Vaya, lo siento mucho!
Qué pena. Yo siempre tuve mascotas en casa; más concretamente, perros. Y es cierto, que lo único malo de tenerlos es que cuando se mueren te quedas hecho mierda. El año pasado me quedé sin dos, una la tuvimos que sacrificar porque estaba muy malita, y la otra murió de anciana. Ahora me queda uno… y ojalá tarde mucho en fallecer… porque la pena, el sentimiento y la apatía que te entra en ese momento es horrible. Ánimo.