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Comiendo, bebiendo y saliendo por Praga

Tal vez sea lo que más nos impacto de la capital checa. La cantidad, calidad y precio de las comidas y bebidas.

La República Checa, a pesar de pertenecer a la UE desde el 2004 todavía no ha adoptado el euro como moneda. Todos los que vivimos en España sabemos que una vez adopten la moneda europea sus precios subiran. Mientras tanto, hasta el 2010, hacer turismo en Praga es barato.

Una comida normal, en un restaurante decente, bebiendo cerveza o vino suele costar unos 9-12 €. Actualmente en España para encontrar precios así tienes que comer de bocadillo y no pasarte bebiendo.

Hicimos cinco comidas en Praga. El primer día cenamos el mejor costillar que me he comido en mi vida, aderezado con cerveza negra y todo ello por apenas 9,50 € por persona. El lugar, un restaurante situado en un sótano de la zona centro de la ciudad llamado Trilobit.

Cerveza negra

Al día siguiente la comida la hicimos en la fábrica de cerveza de Staropramen, una de las mejores cervezas de Praga y la mejor relación calidad-precio para comer en la ciudad.

Por la tarde tomamos unas cervezas en Pivovarský dům, una cervecería de dueños rusos por la zona de la Universidad. Te servían 4 litros en un tubo, con grifo incluido, para ir sirviéndote por ti mismo. También daban cenas pero preferimos ir a otro lugar.

El sitio elegido fue un restaurante italiano llamado Divadelni. Situado también en la zona centro, el camarero hablaba español, allí comimos: David, el pato que le daba nombre entre los eramus españoles. Emma un plato de pasta enorme con muy buena pinta y mejor sabor y yo opte por un plato típico de Praga que mezclaba distintas partes de carne de cerdo con pan de patata.

La verdad es que estaba exquisito, al menos, el plato que yo me comí.

Una cosa curiosa de los restaurantes en Praga es que no tienen colocado el cubierto en las mesas. Cuando te preparan la mesa lo dejan todo metido en un vaso con las servilletas, cuchillos, tenedores, etc..

Además también te sacan una especie de cesta de madera con las salsas y aliños. Es algo curioso, pues normalmente suelen acompañar todos los platos de verduras, pero al no tener la tradición de usar, por ejemplo, el aceite, se las suelen comer crudas, tal cual.

Algunas de las verduras que más suelen utilizar en la cocina son los pimientos, tanto el rojo como una variedad que no había visto, de un color amarillento. Cebolla y diversos tipos de escarola. Además de las patatas que son un alimento muy usado.

El viernes comimos en un restaurante cercano al puente de Carlos. Atmosphere, el sitio está bastante escondido, tienes que entrar por un portal y luego bajar al sótano. Tiene café, restaurante y pub. Un sitio completito.

La pasta que sirven está muy buena aunque ponen menos cantidad que en el Divadelni. Volví a optar por lo que ellos llaman plato típico, una especie de ensalada con patata asada, setas, trozos de pollo, queso fundido,.. puedo asegurar que a mí si me pusieron cantidad de comida.

Por la noche cenamos en la pizzeria del complejo universitario, el cocinero, un vietnamita. Las pizzas, una con pimientos picantes y el resto más normalitas. Fue el sitio más barato, pero la comida nos sentó un poco mal a Emma y a mí .

Esa misma tarde estuvimos en una heladería del casco antiguo de la ciudad, situada justo en la calle que hay enfrente de la torre del reloj. Por 3 € me comí el pedazo de helado que puede verse en la foto. Emma y David optaron por unas tortitas con chocolates, frutas, etc..

Helado en Praga

Por la noche, antes de marcharnos, salimos de marcha. Aunque parezca extraño, el hecho de salir a las 2 de la madrugada, prácticamente nos convertía en una especie de acabados de Praga. Allí a esa hora, la gente suele volver a su casa.

Con el tranvía llegamos al centro de la ciudad y nos adentramos en el barrio judio para llegar a la discoteca Roxy. El sitio tenía toda la pinta de haber sido un teatro. La música era una mezcla entre trance, goa, techno y algo de electro, eso sí, el volumen estaba un poco bajo, imagino que por las horas que eran ya.

Como toda buena discoteca europea, tenía un kebab abierto las 24 horas justo al lado.

Por supuesto, la oferta cultural y culinaria de Praga no acaba aquí.

Existen multitud de kioskillos de comida rápida por toda la ciudad, donde se pueden comer hamburguesas, una amplia variedad de embutidos (como si fueran los clásicos perritos calientes americanos) y comprar bebidas.

El proceso de occidentalización queda patente con la cantidad de McDonalds y KFC que existen repartidos por todas partes. Eso sí, no busquéis Burguer King, no hay ni uno.

Los amantes de la música clásica y el hip hop están de suerte. El primero es el estilo elegido por los ciudadanos checos más tradicionales, el teatro nacional tiene funciones todos los días de opera, ballet o simplemente conciertos. Además, en numerosas iglésias se dan conciertos por ciclos y cada semana hay varios.

La música hip hop y el drum & bass son los estilos que más se llevan en la noche praguense y puede considerarse como el plato fuerte de los jueves y sábados. Los viernes se reservan y optan por otros estilos.