Los alrededores de Lisboa, la capital portuguesa tienen distintas áreas con mucho encanto, además de Estoril y Cascais en la costa, merece la pena visitar la localidad de Sintra.

Sintra se encuentra en los alrededores de un monte situado al norte de Cascais, en un paraje natural, repleto de bosques. El principal atractivo de la zona son sus palacios y casas señoriales, que cuentan con amplios jardines y zonas arboladas.

A Sintra se llega en tren desde Lisboa, tomando éste en la estación de Rossio, en pleno centro de la capital portuguesa, el trayecto no dura más de una hora y para tomar ese tren se puede utilizar la misma tarjeta de transporte que se utiliza en Lisboa.

Aunque se pueden hacer rutas de senderismo y llegar a todos los puntos, indudablemente, si no se va preparado vale la pena coger alguno de los servicios de transporte que hay disponibles, sobretodo si se quiere subir al Castelo dos Mouros y el Palácio Nacional da Pena.

Pero para ir de manera progresiva, lo más cercano a la estación es el centro de Sintra, donde destaca el edificio del ayuntamiento. Desde la misma plaza donde se encuentra este edificio se toma la carretera denominada Volta Duche que serpentea la montaña y sube hacia la zona donde esta el Palácio Nacional de Sintra.

Durante todo el recorrido se pueden encontrar puestos de artesanos que venden pendientes, colgantes, cuadros, fotografías, etc.. al otro lado, en la montaña se empiezan a ver las primeras casas señoriales y el Jardín Botánico, donde destaca la Fonte Mourisca.

El Palácio Nacional de Sintra tiene su origen en un alcazar morisco del siglo XI, aunque se reconstruyo prácticamente por completo a partir del siglo XVI, sufriendo varias ampliaciones y restauraciones, siendo la más importante la realizada después del terremoto de Lisboa en 1755.

Desde la Iglesia de San Martin se pueden empezar a contemplar algunas de las casas señoriales (denominadas Quinta) y chalets que quedan en la parte occidental de Sintra.

Mi objetivo era visitar la Quinta da Regaleira, un palacete con un amplio jardín y otros edificios anexos como una capilla o el espectacular Pozo Iniciático, excavado en la roca de la montaña y rodeado de pasadizos y grutas.

Todos los jardines, cascadas, edificios y pasadizos excavados en la roca guardan su simbolismo transmitiendo al lugar un aura de magia y misterio. Ciertamente es un lugar que vale la pena visitar y disfrutar, recorriendo cada rincón.

Después de comer llego la hora de recorrer el Monta da Pena, donde se encuentran el Castelo dos Mouros y el Palácio Nacional da Pena. Además de la belleza del entorno, un profundo bosque que compone el Parque Natural de Sintra y Cascais, estos dos monumentos merecen la pena (nunca mejor dicho)

El Castelo dos Mouros tiene su origen en la invasión musulmana de la Península Ibérica en el siglo VIII. Tras el periodo musulmán y ya con la Reconquista de la zona portuguesa finalizada, se convirtió en un importante punto de control de las comunicaciones hacia la capital.

El castillo quedo en desuso a partir del siglo XVI hasta que ya en el siglo XIX, en pleno Romanticismo, se realizaron varias obras de recuperación hasta convertirlo en la atracción turística que es hoy.

El otro punto de interés en el Monte da Pena es el Palácio Nacional da Pena que se erige sobre el peñasco donde originalmente existía un antiguo monasterio de la orden de los Jerónimos, abandonado a su suerte tras el fatídico terremoto.

En el siglo XIX y siguiendo el mismo impulso restaurador y embellecedor que del Castelo dos Mouros, el rey Fernando II adquirió el monasterio y construyó el actual palacio, dotándolo también de sus jardines, que son otro de los atractivos del recinto.

El edificio principal es una mezcla de estilos, tanto clásicos portugueses, como el manuelino o las influencias islámicas y góticas, como otras influencias llegadas del norte de Europa, dado que Fernando II era de origen alemán.