El viernes pasado estuve de excursión visitando uno de los monumentos más conocidos de Inglaterra. La imagen de las piedras prehistóricas que conforman Stonehenge han dado la vuelta al mundo rodeadas de misticismo y magia.

El monumento de Stonehenge se encuentra cerca de la pequeña ciudad de Salisbury, en plena campiña inglesa. Un lugar elegido a propósito, para albergar el que sin duda fue un importante santuario y lugar de peregrinaje.

Sin duda la magia y el enigma que destilan estas rocas, es lo más importante para los lugareños y muchos de los visitantes. Lamentablemente, el punto más negativo de Stonehenge es que hayan construido sendas carreteras a los lados y se desvirtue bastante la magia del lugar.

La historia de la construcción de Stonehenge nos deja el arduo trabajo de transportar parte de las piedras que lo componen desde el sur de Gales, atravesando el canal de Bristol y el escarpado terreno de la campiña inglesa, con continuas lomas y elevaciones.

Existen otros monumentos similares en la zona, algunos más pequeños y otros que tenían unas proporciones similares, pero desafortunadamente, las rocas fueron usadas en otras construcciones.

Stonehenge está ligado a numerosas leyendas, como la artúrica, pues se dice que el monumento fue construido por Merlín. Druidas y magos siempre han estado muy presentes en las rocas, llegándose a celebrar algunos rituales en épocas bastante cercanas.

Actualmente, se puede visitar Stonehenge, en su máximo esplendor, durante el solsticio de verano, donde dejan acceder hasta los círculos de rocas.