Después de más de dos años desde mis últimas vacaciones finalmente he podido disfrutar de unos días de descanso que no hayan sido visitar a la familia en Valencia. Aunque he hecho algunos viajes durante este tiempo y he aprovechado para conocer Andalucía, tenía ganas de relajarme y hacer turismo en un país extranjero.

Cierto es que no me he ido muy lejos, pero como parte positiva, he podido descubrir el país vecino a España, Portugal, que me ha dejado un muy buen sabor de boca (nunca mejor dicho, porque se come de lujo allí)

La entrada natural a Portugal, desde Andalucía, es el Algarve. Como Andalucía, es una zona muy turística, de hecho guarda demasiadas similitudes. Afortunadamente, y no creo equivocarme, la gastronomía, es mucho mejor y va más allá de los pescados fritos.

En la gastronomía portuguesa destacan los pescados y mariscos (sin ser fan de estos últimos), los arroces o las famosas cataplanas portuguesas, además de sumar una amplia oferta de comida india (Goa fue colonia portuguesa) así como típica comida de lugares turísticos: pizzerías, hamburgueserías, etc..

Como ya he comentado, las similitudes a uno y otro lado del Guadiana son más que evidentes: ciudades megaturísticas como Albufeira (un error situar allí el cuartel general para visitar el resto del Algarve), ciudades más alternativas y modernas como Lagos, muchas playas y calas, parajes naturales..

La primera parada en el Algarve fue el pequeño pueblo de Tavira, realmente, una vez visitado el pueblo, descubrí que la belleza y atractivo de esta población radicaba en su zona costera que está formada por pequeñas islas de playas de arena y dunas.

El siguiente punto fue Albufeira, que como ya he comentado es donde estuve alojado. Realmente sus puntos fuertes son dos zonas muy turísticas, repletas de restaurantes y bares de copas, que son el Casco Viejo y una calle denominada The Strip, a imitación de las ciudades americanas y que no deja de ser una sucesión de lugares donde beber alcohol barato y salir de fiesta (al estilo Magaluf, Salou o Lloret del Mar)

Afortunadamente, al día siguiente y con un calor abrumador (cerca de los cuarenta grados) llego la hora de visitar las cuevas y playas en los alrededores de Portimão, que junto con Faro (donde está el aeropuerto) es la ciudad más grande, desafortunadamente, quitando el estuario del Río Arade, no tiene mucho más atractivo.

Aunque en su parte oriental se encuentran las calas y cuevas que hacen famoso al Algarve: Praia do Pintadinho, Praia do Torrado, Praia dos Caneiros, Praia do Mato, Praia da Afurada.. entre playa y playa hay acantilados donde el mar ha formado cuevas que también se pueden visitar.

Los puntos más destacados de esta excursión costera son el pueblo de Carvoeiro, que tiene una pequeña playa y unas cuevas donde se puede nadar, accesibles desde tierra, denominadas Algar Seco. El faro de Alfanzina, donde está la Gruta do Paradiso, que tiene una gran obertura superior.

Por último la playa y cuevas de Benagil, con una playa interior, accesible solo desde el mar pero muy próximas a la otra playa, así que mucha gente va nadando. Se puede echar el día completo, haciendo la excursión en barco y luego visitando alguno de los pueblos y recorriendo la cima de los acantilados.

Como punto positivo de Portimão, que ya he dicho que es una ciudad bastante fea, en toda la zona costera es fácil encontrar restaurantes y marisquerías donde probar buenos arroces de marisco o pescado y probar el famoso bacalao portugués.

Además, otro de los platos que no pueden faltar en esta zona de Portugal son las cataplanas, unas cazuelas esféricas donde se cocinan varios alimentos al vapor. Como no soy muy de pescados y mariscos me atreví con una mixta y he de reconocer que el sabor y la salsa estaban geniales.

El último día en el Algarve lo dediqué a recorrer toda la parte occidental, entre la ciudad de Lagos y el cabo de San Vicente. La fisionomía de la costa es similar, calas y acantilados, aunque en esta zona hay más fortalezas y conforme vamos avanzando hacía el oeste, cada vez está menos urbanizado, algo que se agradece.

El punto de partida fue Ponta da Piedade, en la ciudad de Lagos. Además del faro hay unas grutas y calas que bajan por los acantilados y diversas calas donde hay pequeñas playas. Praia da Luz, además de la playa, dispone de unas ruinas romanas, una iglesia y una fortaleza, así que vale la pena acercarse y contemplar el mar desde el mirador situado allí.

En Salema pude probar un arroz de polvo (pulpo), otro de los platos típicos de la gastronomía del Algarve. Desde allí visita a la pequeña Praia do Zavial, situada al final de un pequeño pinar, todo muy pintoresco.

Antes de visitar el cabo de San Vicente, para contemplar el atardecer, parada en Sagres para visitar su fortaleza y todo el entorno natural que hay en su interior, donde se ha habilitado un paseo que recorre la parte alta de los acantilados.

El colofón, antes de visitar Lagos, fue el cabo de San Vicente, que no es el punto más occidental de la península ibérica pero sí que es una de las esquinas, así que tocaba contemplar desde allí como se escondía el sol en el horizonte.

Para finalizar el día, visita a la ciudad de Lagos que tiene muchas similitudes con Tarifa, mucha vida nocturna, restaurantes y lugares para tomar copas modernos, etc.. aproveche para beberme mi primera cerveza artesana portuguesa en el Ol’ Bastard’s y para probar una hamburguesa del Nah Nah Bah, considerada una de las cincuenta mejores del mundo.

Y con ésto acabo mi primera toma de contacto con el Algarve, un sitio al que me gustaría volver, con menos calor y sobretodo para descubrir su parte menos turística, ya que tiene bonitas rutas de interior con múltiples actividades en la naturaleza.