Aprovechando el puente, ayer estuvimos viendo en el cine la última película de Bruce Willis, Los sustitutos.

Aunque la película habría impresionado hace unos años, creo que a día de hoy, este tipo de películas, en plan futuro dominado por las máquinas ya no sorprenden a nadie. Creo que el único aspecto sociológico destacable es que en esta película se ha orientado el uso de las máquinas como una adicción de la humanidad más que como una necesidad.

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Resumiendo la película, en un futuro no muy lejano, la robótica permitirá crear robots a imagen y semejanza de los humanos. La comercialización y personificación de estos robots permite a los humanos vivir la vida a través de ellos (una especie de Second Life en nuestro mundo) así que se pasan el día tumbados mientras dirigen a su sustituto en sus labores cotidianas. Por supuesto estos sustitutos tienen ventajas para ciertos trabajos de riesgo (leáse policías o militares) y al resto de la gente les permite vivir con ese aspecto que siempre habían soñado.

También hay humanos que se niegan a utilizarlos y viven recluidos en ghetos y plantando cara al tipo de vida que prevalece (un humano desde el sillón controlando a un robot)

En este caso, la película no gira entorno a la relación entre los humanos y las inteligencias artificiales de los robots, si no al uso ético de la tecnología y su abuso. Lamentablemente a los 20 minutos de película ya te imaginas por donde van los tiros y todo se vuelve bastante predecible, tal vez porque el tema está ya muy manido.