Mareos de un geek

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Patente de corso

Con la seguridad que les da el saberse necesarios en las campañas políticas y el poder de su imagen pública, algunos de los llamados artistas de nuestro país han empezado a bombardear la opinión general de un país, cansado ya de sus estupideces.

Se han tomado su propia patente de corso, porque si nosotros somos piratas, ellos son corsarios, amparados y pagados por el dinero de las multinacionales que los contratan y el apoyo tácito de gobierno(s) que buscan controlar el contenido de Internet. Y ellos, los que otras veces han defendido la libertad son los primeros en alzar su voz en contra de ella.

Cuando un artista defiende los intereses de su compañía deja de defender la cultura y defiende únicamente su beneficio económico, amparado en las leyes del copyright que a su vez limitan la difusión cultural, ahora y en un futuro. Este último punto podría servir de argumento lo suficientemente fuerte para aquellos que defienden la difusión cultural de manera libre en la red.

A pesar del día de descanso que supuso la tradicional jornada de la lotería navideña, a algunos no les ha llegado aún la sangre al cerebro y se han limitado a vomitar por sus teclas lo primero que pasaba por su cabeza. Tampoco se han parado a pensar si era congruente con acciones pasadas o a verificar aquello que dice la otra parte, si es que en este conflicto artistas y usuarios no están en el mismo bando.

Por cierto, que responder punto por punto a este pseudoartista sería irrisorio y cómico (y ya lo han hecho desde una de las asociaciones aludidas) Con lo cual, me voy a centrar en negar una de las ideas que la prensa de este país se ha encargado de divulgar. Según ellos, y por extensión toda la tropa que no pasa de leer las ediciones digitales de los periódicos (por cierto que por ahora son gratis, así que no sé si se lo toman como cultura o meros cotilleos) los piratas se han enfrentado a los creadores.


Si miramos atrás, ya la propia ministra del ramo dijo una vez que  no se criminalizará a los usuarios llamándolos ‘piratas’. Eso, lo primero y lo segundo, entra ya en el plano político, histórico y judicial. La Ley Sinde supondrá la existencia de una comisión, por cierto, es raro que alguno de los que han mandado sus artículos a la prensa, se pregunte quien preside una asociación, cuando los estatutos de las asociaciones en España son bastante claros y no se pregunte por quien puede llegar a formar parte de esta comisión.

Esta comisión será la encargada de determinar que páginas web deben ser cerradas y posteriormente, un juez será el encargado de hacer cumplir la ley. Es decir, el juez, en última estancia es el que debe autorizar el cierre aunque ya le van a dar todo el trabajo hecho.

Repasando en la Historia de nuestro país, la leyenda negra, las persecuciones y hogueras no podemos si no, recordar en nuestras mentes los tiempos de la Inquisición o los más recientes de la censura franquista. Porque, si hay algo preocupante en esta ley es la vaguedad con la que expone que páginas podrían ser cerradas, en principio cualquiera que la comisión quiera o que dictamine que contiene contenidos ilegales.

Y finalmente, están las formas de nuestros políticos, al partido en el gobierno por no dialogar con todas las partes y dejar que un país extranjero dictamine los pasos a seguir con esta ley. A la oposición por pensar igual que el gobierno pero, por supuesto, de cara a la popularidad votar lo contrario, igual que otros partidos que manifestaron su apoyo y se echaron atrás.

La solución pasa porque la industria audiovisual se reconvierta. Cualquier español podría pagar 20 euros al mes y poder descargar en su televisor películas de estreno, es más barato que ir al cine y por supuesto mucho más cómodo. Está claro que muchas salas de cine cerrarán, pero es un modelo que está destinado a eso (y discutir esto sería una nueva entrada)

Y para terminar, de la misma manera que los creadores no ven lógico que la gente robe el fruto de su trabajo, no entiendo esa tendencia a llorar y quejarse porque han bajado las ventas de sus discos o películas ¿no están contratados por compañías que realizan campañas de marketing y venta? ¿Se han parado a pensar que con la crísis la gente prefiere destinar su dinero a otra cosa antes que a comprar bienes de consumo? O dicho ya de manera clara: en la vida compraré (ni descargaré) un disco de un artista español, porque su trabajo no me gusta.

Así que ahora que ha quedado claro que no me beneficio de su trabajo, que algún artista con dos dedos de frente me diga porque tiene el derecho a limitar mi libertad de expresión en la red.