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Memorias de España (V)

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Un nuevo viaje a España y nuevas sensaciones, sobretodo por visitar un lugar bastante distinto y desconocido para mí. El único punto en común con Valencia o mis visitas a Cantabria es que en la isla de Gran Canaria, gran parte de la riqueza proviene del turismo.

En Canarias tienen dos temporadas de turismo, una dedicada al turismo más nacional o habitual que corresponde al verano y otra que lleva a la isla oleadas de visitantes de los países del norte de Europa y que comienza a mediados de este mismo mes.

Tal vez por eso, por visitar la isla en plena transición la gente estaba bastante tranquila.

Otro punto a tener en cuenta es el carácter de la gente de la isla y es que son personas muy amables, simpáticos y abiertos, pero sobretodo optimistas. Por eso la frase más escuchada era: ‘no ha sido muy buena temporada pero ahora vienen los nórdicos’.

Ojo, no estoy diciendo que este optimismo sea negativo, pero si tenemos en cuenta que Canarias es la tercera región de la UE en cuanto a desempleo, es de ser muy optimista. Sobretodo viendo que los comercios y restaurantes estaban bastante vacíos.

Eso sí, la gran mayoría de los camareros, si exceptuamos los bares de los pueblos más pequeños, eran extranjeros, normalmente marroquíes y también es cierto que los únicos bares que estaban llenos eran aquellos regentados por personas de los países de origen de los turistas: irlandeses, alemanes, suecos, etc..

A pesar de todo, como ya he comentado en mi resumen del viaje por la isla, hay zonas bastante desfavorecidas que parecen sacadas de los documentales brasileños sobre los barrios de favelas e imagino que en esas áreas el optimismo no será el mismo.

De todas maneras hay que tener en cuenta que Canarias vive por y para el turismo y aunque tiene curiosidades bastante molestas como que el agua no sea potable o las cantidades ingentes de cucarachas que hay en sus calles no deja de ser un sitio perfecto donde vivir debido al clima y a la disponibilidad de gran cantidad de productos con un precio más reducido que en otros países europeos.

Sin lugar a dudas, me quedo con el optimismo de las gentes de Gran Canaria y espero que se vaya instaurando poco a poco, reemplazando la indignación y decepción que hay instauradas en prácticamente todo el país desde hace unos años.