
Aunque a los dos años de ese fatídico momento ya me había dado cuenta de la metida de pata, aquí sigo. También es cierto que en Londres las cosas han cambiado a peor y no he sido el único que ha acabado saliendo de allí.
De todas maneras, conociendo la idiosincrasia de la capital británica, imagino que la gente de bien seguir viviendo en su burbuja.
Como curiosidad, mi mujer, a la que conocí en Marbella en verano de 2018, estuvo de intercambio durante su adolescencia en Wanstead, el último barrio donde estuve viviendo en Londres. Ya era una buena zona.
Pero si en Londres las cosas han ido a peor, y más después del Brexit, en España han ido de mal a peor. No voy a hablar aquí de política, si no de lo que se vive día a día.
Degradación de los servicios públicos, inseguridad, estancamiento o bajada de los sueldos, subida de precios, imposibilidad de acceso a la vivienda.. hay muchas cosas que han cambiado a peor desde 2016.
Ahora mismo me siento atrapado en la Costa del Sol, que es, con diferencia el peor sitio en el que he vivido.
Ya lo he contado alguna vez, Marbella es el quiero y no puedo. Una ciudad que no es ciudad, construida por y para dar servicio al turismo, de alta o baja calidad. Una ciudad que maltrata a sus ciudadanos privándolos de algo tan básico como un transporte público de calidad.
La Costa del Sol es un área donde necesitas el coche para ir a cualquier sitio, como tú, todo el mundo, así que desplazarse es quedar atrapado en un atasco.
Afortunadamente, en Málaga hay cierto movimiento cultural, gracias a la actividad del Teatro Cervantes, los cines Albéniz o el teatro del Soho de Antonio Banderas. El problema es que Málaga se ha dejado devorar por su propio éxito turístico y es imposible vivir allí.
Lamentablemente, es un fenómeno en el que también ha sucumbido Valencia. Apareces dos o tres años en una de esas listas de ciudades donde vivir expatriado, empresas extranjeras abren oficinas y se te llena de gente con alto poder adquisitivo que pagan lo que sea.
Le sumas el turismo clonado, la oleada de mano de obra que tiene que ir a mantenerlo y ya tienes el tema de la vivienda como problema número uno de la ciudad y los alrededores.
Como ya percibía cuando vivía en el extranjero, este país es una buena opción para venir de vacaciones, pero la calidad de vida se ha venido abajo con el paso del tiempo.
Y así seguimos, devaluando la calidad de vida año tras año, porque eso es España. Lamentablemente, el lugar al que decidí volver hace 10 años.
Otro punto negativo es el de vivir lejos de tu familia y amigos. Aquí es donde saltan a la palestra las malas comunicaciones en general de este país (son todo ventajas) haciendo de cada viaje a Valencia una odisea de más de 6 horas de conducción.
Vamos que todo es una carrera de caracoles directos a la paella.