
El pasado sábado pude experimentar una de las experiencias que más se está repitiendo en un país paralizado y sin futuro cómo España, opositar.
Realmente, es algo que pude haber hecho hace muchos años, cuando estuve casado por primera vez y mi suegro, por aquel entonces, sindicalista él, me invitó a aprobar una plaza como técnico de la UPV. Me pareció tan patético que rechacé hacerlo.
Guardaba, además, un recuerdo agridulce de mi época en el Consorcio de Bomberos. Los compañeros mejor preparados que había tenido, un jefe muy competente, pero una motivación y una burocracia que hacían que el trabajo del día a día fuera aburrido.
De esa época surge el nacimiento de este espacio y muchas de las primeras entradas fueron escritas allí.
El caso es que desde la última visita a Valencia en Navidad, había vuelto con el gusanillo de estudiar. Un par de amigos me lo comentaron, uno con plaza y otro con ganas de presentarse de nuevo.
En mi lista de preferencias laborales, estaba en las últimas posiciones, principalmente, porque la opción que veía era la de hacerme profesor de módulos de formación profesional y no me motivaba mucho.
Con una categoría menor estaban las pruebas de TAI. No os engañéis, bajo la máscara de un C1 (estudios de Bachillerato o equivalentes) se esconde un temario que cubre gran parte de la carrera de Ingeniería Informática, más el bloque de la Constitución y leyes.
Resumiendo, una paliza a estudiar. Una paliza que no me he dado, porque entre buscar un trabajo y montar varios proyectos, tampoco es que me haya dado tiempo. Cierto es, que tampoco tengo esa práctica y me costaba bastante arrancar.
Pero como era un examen, en el que, por norma general, la gente hacía eso mismo, seguí con la rutina hasta que llegó la fecha señalada en el calendario. El pasado sábado acudí a la Universidad de Málaga, como tantos otros, para enfrentarme a mi primera oposición, espero que sea la última.
El ambiente era el de un examen diferente, gente repasando de última hora en el coche, gente acompañada de sus parejas o padres, gente solitaria, gente de todas las edades legales permitidas..
También había sindicalistas, cazando futuros afiliados para sus redes clientelares. Las academias, regalando bolígrafos, reglas para marcar las respuestas.. tonterías que no estaban permitidas en el examen, pero que ayudan a dar visibilidad a un negocio paralelo alrededor de estos exámenes.
Luego están los funcionarios que se encargan de controlar el examen, aparecen como desmotivados, serios, no muy empáticos.. trabajando un sábado por la mañana, les pagan por hacerlo.
Y por último, el examen, he de decir, que las últimas semanas no había repasado, así que muchas cosas no las recordaba bien. Me resultó complejo, comparado con otros años.
Había preguntas muy rebuscadas, está claro que no habrá nadie que acierte al 100%, pero bueno, para el recuerdo queda conocer a Kimball.
Una vez publicada la plantilla, mi mujer se ha encargado de revisar los resultados y parece que estoy aprobado, aunque con una nota muy justa. De todas maneras no estoy interesado en la plaza, ya que las condiciones no son muy buenas si no hay sitio cerca de ti, la mayoría son en Madrid.
Ya lo he comentado, una experiencia más en la vida, una que había postpuesto varias décadas.