Parecía que no iba a acabar nunca, pero finalmente, el año 2017 ha llegado a su fin.. y menos mal, porque ha sido con diferencia uno de los peores años que recuerdo. De hecho, no he tenido ganas ni de publicar la típica entrada del día de los inocentes.

Honestamente, varios factores han podido influir en el cúmulo de sucesos que se han sucedido en los últimos doce meses, pero, de la misma manera, espero que esta situación cambie de cara a 2018.

El año empezaba disfrutando de las vacaciones en Cantabria con un viaje de vuelta a casa que incluyó una parada para conocer la ciudad de Salamanca.

A finales de enero llegaba el momento de conocer una de las joyas del interior malagueño, la ciudad de Ronda. El mes de febrero fue el más frío del año, así que fue el elegido para ver películas y beber cervezas.

En marzo al fin pude hacerme con una Nintendo Classic Mini. Durante ese mes además visité Benalmádena y por motivos laborales, Malta.

Durante abril y mayo, antes de la llegada del verano, tiempo de videojuegos, cervezas, películas, música.. y por supuesto seguir conociendo el área, con visitas a Casares, Conil de la Frontera y Málaga (para la Semana Santa y el Opensouthcode)

Con la llegada de junio se cumplía un año desde mi llegada a la Costa del Sol, con mi familia establecida me seguía faltando algo y las comparaciones con Londres siempre serán odiosas.

Aprovechando un breve viaje al norte pude leer algunos libros, una constante durante todo el verano y es que como las bicicletas, los libros son, especialmente, para el verano.

Con julio llegó el momento de ruptura de este 2017, a pesar de intentar superarlo de la mejor manera, volcándome en mis aficiones, ni el verano, mi cumpleaños, un viaje en septiembre a Estocolmo..

Ese punto de inflexión negativo tuvo un pequeño paréntesis en octubre y principios de noviembre. En octubre con el lanzamiento de la SNES Classic Mini, una nueva escapada a Málaga y el inicio de la temporada de la NBA.

Y en noviembre con una mayor carga de trabajo y la ilusión de poder comprar un piso en Marbella y trasladarme a la ciudad a vivir.

Lamentablemente, en diciembre recibía un nuevo varapalo, al no concretarse la compra del piso que me gustaba, no me podía mover a Marbella y eso acentuaba el problema personal que se inició en julio.

Lo único positivo de este final de año han sido los casi 9 días que tanto mi hijo como yo, hemos podido pasar en Valencia, disfrutando de la familia y amigos.

Este 2017 me deja muchas lecciones aprendidas, una gran pesadez mental, causada como ya comenté en su momento por el entorno, sobretodo el más cercano. Lamentablemente, es algo que ha acabado afectándome en el trabajo y eso me ha hecho perder la ilusión por hacer lo que hago, algo que nunca antes me había pasado.

Por supuesto, eso es algo que debe cambiar en el 2018, porque nadie puede vivir así, sin ilusión. Además, como ya he comentado, últimamente, he iniciado un cambio de vida, algo que siempre quería hacer y nunca ponía en marcha.

Ese cambio, esa perseverancia y actitud de superación, que en realidad representan mi verdadera personalidad, debo extrapolarlas de nuevo a todos los aspectos de mi vida para recuperar mi auténtica persona de nuevo.

Así que ese va a ser mi principal objetivo para el 2018. Primero tengo que empezar resolviendo y aclarando todos los aspectos legales que suponen la nueva situación generada en este 2017 para poder empezar a vivir de nuevo.

Además del cambio de vida, el 2017 ha dejado como punto positivo que he podido probar un gran número de cervezas, algo que espero poder volver a hacer en el 2018.

También me ha permitido valorar una de las cosas positivas que tenemos los españoles y que echaba de menos en Inglaterra. El gran apoyo que han supuesto mis compañeros, sobretodo los españoles, en los momentos difíciles.

Y por supuesto, el poder seguir viendo crecer y disfrutar a mi hijo, que es sin lugar a dudas, lo más importante de mi vida.